CINCO DÍAS. 21 de
octubre de 2000 Miguel Boyer Salvador (San Juan de Luz, Francia, 1939) es presidente de la Compañía Logística de Hidrocarburos. Pero hasta ahora tiene una dilatada carrera como responsable de empresas y de la política económica de España. Con una sólida formación económica, aunque es físico, entró en 1974 en el servicio de estudios del INI, bajo la batuta de Francisco Fernández Ordóñez. Posteriormente trabajó en Explosivos Río Tinto, esta vez con Leopoldo Calvo Sotelo. Su carrera política arrancó en diciembre de 1976, cuando ingresó en la Ejecutiva del PSOE, y tres años más tarde obtuvo acta de diputado por Jaén. Ayudó a Felipe González a eliminar el cartel de marxista del PSOE y fue su primer superministro de Economía, Hacienda y Comercio. Dejó el Gobierno en 1985 tras perder un pulso por el poder con el vicepresidente, Alfonso Guerra, y en 1996 abandonó el PSOE tras 35 años de militancia. Formó parte del Comité Delors que diseñó la moneda única, pero terminó renegando de la Unión Monetaria antes de que se pusiese en marcha. Sobre la marcha de la divisa europea hablamos con él en el Instituto de Empresa, donde dio una conferencia en el "Aula Dirigentes" esta semana. Pregunta. Usted encabezó en los pasados años una especie de corriente de oposición intelectual al euro. Tras dos años de rodaje, la divisa ha perdido casi un 30% de su valor contra el dólar. ¿Qué análisis hace del recorrido de la moneda desde su nacimiento? Respuesta. Tengo que aclarar que más que un euro débil en términos cambiarios, a mí me preocupaba en todo momento que existiese un euro muy fuerte. Por tanto, el hecho de que el euro se haya depreciado tanto respecto al dólar y, lo que es más singular, tanto respecto al yen, ha sido un factor de estímulo para todas las economías europeas, que llevaban deprimidas toda la década de los años noventa. Uno de los factores que está contribuyendo más a consolidar una senda de crecimiento es el euro débil. Por tanto, una de mis preocupaciones, no se ha producido, sino más bien al contrario.
P. ¿Carece, a su juicio, de justificación la excesiva preocupación que manifiestan las autoridades comunitarias con esta debilidad, más las políticas que las económicas? R. El euro tomará su valor en el mercado. El mercado desborda las posibilidades de manipulación de una divisa. El Banco Central Europeo de vez en cuando da avisos en el sentido de que ya no debiera bajar más, y que lo va a defender con acciones concertadas, etc. Pero yo creo que al final las monedas reflejan una serie de factores a los que es muy difícil resistir con manipulación. Y hay una serie de factores que han revaluado el dólar inconvenientemente para la economía americana, en parte ayudada por los tipos de interés altos con los que se intenta reconducir hacia un aterrizaje suave la economía norteamericana. Además, Estados Unidos invierte mucho más de lo que ahorra y absorbe el ahorro del exterior; eso mantiene un flujo de capitales a los Estados Unidos, etcétera. En todo caso, esa sobreapreciación del dólar es excesiva. Yo creo que ahora el euro está excesivamente bajo en relación con los fundamentos económicos. Y ya volverá a invertir el movimiento cuando la economía de los Estados Unidos se enfríe. Cuando abandonen el crecimiento desbocado y desequilibrado que tienen ahora, con un déficit por cuenta corriente que llega al 4,5% del PIB, el euro se revalorizará. Pero insisto en que no se puede intentar manipular las cosas más allá de unos simples avisos en el sentido de que puede ser excesiva la depreciación actual. Pero esta caída sólo ha preocupado a todos aquellos que en Europa han concebido al euro como un pulso al dólar. Y eso es un aspecto político que carece de sentido, pero que ha estado muy arraigado en Francia. La verdad es que cuando revelan su pensamiento interno, como ha ocurrido con Schröder, llegan a la conclusión de que están encantados con una moneda débil que echa una mano en el crecimiento.
P. Pero el diferencial de tipo, ¿no es suficiente para explicar esta caída cambiaria? R. Es un factor importante. Ahora sin riesgo alguno se puede invertir a corto plazo en dólares con dos puntos de ganancia. Y como la economía norteamericana está lanzada, con beneficios tremendos en las empresas, la zona se convierte también en una economía refugio, especialmente ahora con el tirón del petróleo, que afecta más a Europa que a Estados Unidos. Es muy difícil que en estas condiciones Estados Unidos no atraiga cada vez más capitales y que no se fortalezca el dólar.
P. ¿Habría que subir más los tipos en Europa para reducir esta ventaja? R. Depende de cómo encaje Europa el shock petrolífero, que va a durar unos meses todavía. Europa va a tener un pequeño enfriamiento por el efecto del crudo, aún con un petróleo a 25 dólares. No menos de medio punto de crecimiento perderá Europa por el shock. Si es así, no hará falta subir más los tipos de interés para combatir la inflación. No tendría sentido. Sólo lo tendría si no somos capaces de ajustarnos a la caída de la actividad por la subida del petróleo, si pretendemos no enterarnos de que el petróleo es más caro o si pretendemos que todos los agentes sociales recuperen como si no hubiera pasado nada lo que se pierda por inflación. La factura del petróleo, que el año pasado fue de 1,5 puntos de PIB, este año puede ser de 2,5 puntos; esto hay que asumirlo, y si no, si pretendemos recuperar todos esta pérdida de renta, habrá más inflación, que generará una escalada de tipos, que será mucho peor. El país, y Europa en general, tienen que asumir que el petróleo no está a 10 dólares, sino a 30, y que cuando se pare, lo hará a 22 o 27, pero no a 10.
P. ¿Qué opinión le merece la política de la OPEP en esta crisis, que está cargando con todas las críticas de los Gobiernos? R. La OPEP mantiene una política muy correcta, pero ya ha elevado en tres millones de barriles diarios su producción. Esta vez lo hace con mucha cautela, porque en anteriores crisis la oferta ha superado la demanda de forma brusca y los precios han descendido a niveles de 10 dólares. Ahora se están encontrando con un incremento de la demanda muy fuerte por el crecimiento económico muy vigoroso en todas las zonas del mundo, pero cuando se modere la demanda y la oferta se acerque paulatinamente a las necesidades, el precio comenzará a ceder, aunque no lo hará de forma tan brusca como lo ha hecho en el pasado, cuando bajaba de más de treinta a diez en cuestión de unos días.
P. Por fin en España, en 2001, equilibrio presupuestario. ¿Se podría haber ido más lejos en ajuste fiscal? R. Ya ha habido muchas críticas por considerar que vamos más deprisa que nuestros socios europeos en el control del Presupuesto público. Si el Gobierno hubiera ido a un superávit para 2001, las críticas hubieran sido tremendas. El déficit cero, que puede ser ligero superávit al final, no debe ser criticado. Por una razón muy simple: la economía española está más recalentada que la europea; llevamos el ciclo por delante, mientras que los europeos están aún en pendiente ascendente de la demanda. Así lo dice la inflación subyacente. Es, pues, razonable el equilibrio, y lo sería menos en otras economías europeas. Y hay que destacar que España es, junto con Francia, uno de los países que menos ha subido los impuestos sobre los hidrocarburos, lo que, de alguna forma, supone una renuncia a determinados ingresos, que habrían incrementado el margen presupuestario y habría permitido ofrecer ya un superávit en 2001.
P. Para saber cuál es el verdadero margen de maniobra de cara al futuro, sería bueno cuantificar de forma correcta el déficit estructural. ¿Cuánto es, a su juicio? R. Si en periodo de auge económico estamos en equilibrio presupuestario, es evidente que hay un déficit estructural. Yo no creo que esté ahora más allá de un punto o 1,3 puntos de PIB. La carga financiera, por ejemplo, a medida que se reduce la deuda, va descendiendo, y si hace unos años la carga suponía el 5% del PIB, ahora es menos de 3%. Si añadimos el desarrollo del empleo, con más cotizantes a Seguridad Social y con crecimiento de la tasa de actividad de las mujeres, es muy probable que no veamos ya nunca las tasas de paro que hemos conocido; por tanto, esta variable restará peso al déficit estructural cuando vuelva un periodo de crisis. Yo creo que se ha reducido de forma muy importante en los últimos años. Donde creo que hay que seguir haciendo esfuerzo es en las empresas públicas. Noto a la Sociedad Española de Participaciones Industriales (SEPI) un poco parada, menos activa, aunque es verdad que estamos ante el núcleo duro; pero no por ello hay que pararse. Noto falta de impulso privatizador, incluso con procesos que se han paralizado. Pero la reducción de los déficit de empresas públicas al mínimo necesario hay que hacerlo. Yo entiendo que tengan cierto déficit los ferrocarriles, pero que lo tengan las televisiones es más dudoso.
P. Si en los próximos años se mantiene el ritmo de avance en la consolidación presupuestaria -y de mantenerse el crecimiento económico no hay razón para pensar que no va a ser así-, cada ejercicio se generará un excedente fiscal adicional de cerca de un punto del PIB; un billón de pesetas. ¿Qué haría usted con él si fuera responsable de la política económica? Reducir el impuesto sobre la renta, reducir impuestos sobre el empleo, reducir deuda, invertir más en infraestructuras... R. Una proporción como la que está defendiendo Al Gore en Estados Unidos, distribuyendo sobre los puntos más calientes de la economía. Creo que, en primer lugar, se debe reducir deuda, porque es una mejora estructural sobre la carga financiera, y si se deja en zonas del 1,5% o 2% del PIB, se ha liberado mucho dinero para otras cuestiones. En segundo lugar, hay que concentrar el gasto en sanidad y en educación; pero la inversión pública en general yo creo que es alta. Hay maneras de invertir en infraestructuras sin gastar mucho dinero público. A mí me preocupan más las inversiones que no se pueden financiar de otra forma, como la sanidad y la educación. No todo es cuestión de dinero, y en esos dos asuntos hay que intentar acercarse a los países que están más avanzados. Aunque es cierto que nadie tiene resuelto el asunto de la sanidad.
P. Tocar los impuestos ¿es conveniente? R. ¿Reducir impuestos? Tenemos dificultades por la estructura impositiva de España: tenemos una recaudación por renta que es superior a la de Francia. Estamos por debajo en indirectos y en cotizaciones a la Seguridad Social, aunque la aportación de los trabajadores es mucho más alta en toda Europa que aquí. Es muy difícil reestructurar esto: subir indirectos genera inflación, y equilibrar al 50%-50% las aportaciones a la Seguridad Social no es fácil, puesto que abre una batalla política muy fuerte, y de subir, sólo se podría hacer a costa de los trabajadores.
P. El presidente del Gobierno ha planteado hacer una nueva reforma en profundidad de la Seguridad Social y del mercado de trabajo para evitar que se frene la generación de empleo. ¿Está de acuerdo con ese aserto? R. La reforma de 1997 fue muy razonable y ha sido muy positivo transformar contratos temporales en indefinidos. Y creo que en esa misma línea cabe todavía alguna mayor aproximación a la realidad. El ideal es que se comprenda y acepte por todos los agentes sociales. Si no hay acuerdo entre las partes, las perturbaciones serían tales que sería mejor dejarlo para otra ocasión. La gran virtud de la reforma de 1997 -que yo creo que se quedó corta- fue el hecho de que se hiciera con un acuerdo. El acuerdo no está por encima de todo, pero en este punto sí creo que hay que llegar al mayor grado posible de consenso para que funcione bien. Los efectos de hacerlo de una forma no acordada son muy negativos. Si se pudiera avanzar algo más de lo que se hizo en el año 1997, sería bueno para el desarrollo de las relaciones laborales. Ahora hay un clima de menos paro que permite hacer las cosas, porque una reforma con un 22% de paro hubiera sido sangrienta; ahora lo es menos. Cuando hay un paro bajo es más fácil. Yo, en ese aspecto, soy optimista: si todo sigue con este crecimiento, en dos o tres años estaremos por debajo del 10% de tasa de paro, que es algo inaudito en un país con la experiencia que tenemos en los últimos 30 años, con unas tasas de desempleo siempre por encima del 20%, y teniendo en cuenta que las tasas de actividad nunca han sido tan altas como las comunes en los principales países europeos. Esa nueva realidad cambiará el panorama; la flexibilidad laboral será un arma para hacer flexible la economía española y para que pueda mantener altas tasas de crecimiento sin inflación. Ésa es la manera de competir con Europa y con países no europeos en un proceso de mundialización. "Elevar la edad de jubilación hasta los 70 años despejaría los problemas de la Seguridad Social" Pregunta. La buena marcha de las finanzas de la Seguridad Social, que enjuga incluso déficit del Estado, puede retrasar la reforma de la Seguridad Social. ¿Qué cree que habría que hacer con el sistema de pensiones? Respuesta. Es verdad que ahora no hay un problema perentorio en la Seguridad Social. Pero es ahora cuando hay margen para abordar soluciones de futuro. No hay ninguna duda de que el envejecimiento de la población plantea un dilema inevitable, aunque no sabemos si dentro de 10 o de 20 años. Pero el sistema no se puede sostener sobre una base de reparto con parámetros actuales. Abordar ese problema ahora es mejor, porque será menos doloroso hacer ahora un sistema complementario que hacerlo cuando la situación financiera del sistema sea peor y haya que pegar un corte a las pensiones. Ahora se puede encajar una reforma. ¿Cómo? Tiene que haber un sistema público complementado con un sistema de ahorro. Antes esto no era fácil, pero ahora ya hay dónde invertir. Hace 25 años no había activos en los que invertir; ni había deuda ni mercado de capitales medianamente amplio y seguro. En segundo lugar, hay que tomar una medida que no queda otro remedio que tomar, porque es lógica y porque arregla bastante los problemas: incentivar el alargamiento de la edad de jubilación, en vez del acortamiento, que es lo que hemos hecho siempre en España. Es verdad que tuvimos que echar mano de eso en un tiempo para parar las crisis industriales, con jubilaciones a los 40 años, para reducir el coste del ajuste. Ahora el problema es el contrario: habrá escasez de mano de obra y habrá que abrir la espita de la inmigración de forma controlada. Pero lo que sin duda tiene un efecto inmediato para aliviar el sistema es alargar la edad de jubilación, porque se cotiza más tiempo y se cobra menos. Un retraso de la edad de jubilación de cinco años solucionaría el problema para muchos años. Ahora la gente se pasa después de jubilarse 20 años mano sobre mano, viviendo de la limosna que se pueda extraer de los jóvenes, que cada vez serán menos. Es un absurdo.
P. ¿Usted pide que la parte de ahorro sea obligatoria? R. En Suecia se está experimentando con un sistema
en el que una parte de las cotizaciones se invierten en unas empresas muy determinadas. Es
muy complejo porque los precios de los activos fluctúan y, si te toca jubilarte en un
periodo de Bolsa bajista, puede asustar a la gente. El ideal sería que una parte de la
cotización fuese obligatoria con libertad para elegir dónde se invierte.
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| CLH y el sector español de productos petrolíferos Miguel Boyer Salvador. Presidente de CLH |
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En el interesante artículo de los Sres. J.
Blas y C. Cuesta, aparecido en "Expansión" del 6 de abril pasado, se señalan
una serie de importante problemas con que se enfrentan, en el sector de productos
derivados del petróleo, tanto los operadores, como la propia Compañía Logística de
Hidrocarburos (CLH) y sobre los que se hacen
toda una serie de consideraciones. Debo decir, de entrada, que simpatizo totalmente con el
propósito de defensa de la competencia que subyace al artículo mencionado, aunque no
puedo compartir un buen número de las afirmaciones que aquél contiene. 1. Función de CLH
en el transporte de productos de refino 2. Evolución del esfuerzo inversor de CLH 3. El problema de los almacenamientos 4. La competencia en el sector en que opera CLH En el artículo que comento, los autores recogen la
opinión de que las tarifas de CLH deberían
ser más bajas. En meses pasados, he leído también, incluso en periódicos serios, que,
para abaratar el precio de las gasolinas y gasóleos, podría recurrirse a
"forzar" una bajada de las tarifas de transporte de CLH.
Pues bien, por muy enérgico que fuera el "forzador", difícilmente mejoraría
el ritmo de bajada que en esta dirección viene desarrollando la propia CLH. |